La opinión pública es el motor de la acción social y la acción política. Pero la opinión pública en una sociedad de masas sólo se forma a través de la información que detentan los medios de comunicación social y si sus protagonistas principales, es decir, los periodistas, no pueden ejercer con garantías el pluralismo informativo por las presiones de su entorno, esa opinión pública nunca podrá configurarse conforme a la verdad de los hechos y por tanto su manifestación estará viciada.
Nos preocupa igualmente el nivel de crispación, ajeno a los profesionales, generado por la toma de posición partidista de algunos medios de comunicación cuya ubicación en el entorno de partidos políticos concretos, hurtan a los ciudadanos el conocimiento imparcial y objetivo de los hechos que siempre son sagrados, aunque la opinión, por supuesto, siempre sea libre. Pero la intencionalidad política de las noticias periodísticas en el ámbito de la información (no en el de la opinión) es un lastre peligroso para la independencia de los profesionales y la pluralidad de los contenidos. Si se hace un periodismo de partidos será todo lo que quiera ser menos periodismo y además desorienta y crispa a una sociedad mal informada que, de esa forma, no tiene acceso a la verdad de los hechos sino a su manipulación. Es la UNESCO la que ha dicho: “ Una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.
El predominio de medios de comunicación como anexos de partidos políticos está contribuyendo a tamizar la veracidad de la información que reciben los ciudadanos sorprendidos en su buena fe, salvo aquellos que se alinean claramente en un posición política y seleccionan previamente los medios en función de esa posición. La manipulación de las noticias y la selección de los contenidos para beneficiar posturas políticas concretas no deja de ser una perversión de la comunicación pública veraz y plural y está desacreditando gravemente la información que facilitan muchos medios.
La libertad de prensa está amenazada desde muchos frentes. Algunas de estas amenazas son de una evidencia meridiana y de fácil identificación pero otras, quizá las más peligrosas, proceden de una manipulación sutil que pretende presentar los hechos con distorsión de la verdad y al servicio de intereses que, pudiendo ser legítimos no legitiman la información periodística que debe buscar siempre esa verdad.
Abogamos en este Día Mundial de la Libertad de Prensa por un periodismo más libre de injerencias externas y especialmente en estos momentos de crisis y crispación social y política.
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